En la mitología romana existía un dios de las puertas, los comienzos y los finales:
Jano. En honor a él se nombró el primer mes del año,
janeiros, por tratarse del comienzo de un nuevo ciclo. Según se cuenta tiene dos caras que miran en direcciones opuestas y es un tanto ominoso desde mi punto de vista.
Estoy reflexionando que es bonito pensar en esa dualidad de persona, cual si fuera una dualidad onda-partícula, y lo curioso es que las caras no se pueden ver a sí mismas. Si se tratasen de
fermiones humanos no es tan absurdo pensar que cada cara puede pensar en sí misma como en una sola sin darse cuenta que tiene a su complemento detrás como si fueran dos amantes que, en la oscuridad, se dan la espalda momentaneamente para respirar un poco antes de volverse y encontrarse.
En fin, la vida tiene extrañas formas de hilar cosas aparentemente desconectadas, y mi cabeza también. Jano, dos caras, onda particula, fermiones humanos, amantes en la oscuridad... y lo demás es cosa de tiempo; unos segundos antes que se vuelvan y se encuentren con su verdadero rostro frente a sus ojos.